28 semanas después

28 Semanas DespuésAbordar una secuela siempre lleva asociado la disyuntiva entre dar más de lo mismo al espectador, que es lo que espera, o sorprenderle con algo nuevo. Juan Carlos Fresnadillo, autor de la curiosa Intacto, resuelve este dilema tirando por la calle del medio. Ofreciendo la misma historia al espectador pero planteándola desde una perspectiva diametralmente opuesta.

Danny Boyle planteaba en 28 días después la unidad del grupo como única manera de sobrevivir al caos. 28 semanas después empieza con un prólogo que nos deja claro como abordará Fresnadillo la película. En él encontramos a Don (Robert Carlyle) con su mujer, Alice (Catherine McCormack), y otros supervivientes encerrados en una casa en un pueblo de Inglaterra, intentando sobrevivir hasta que pase la epidemia. Cuando son atacados por los zombies sólo Don sobrevive en una frenética carrera dejando a su mujer y al resto de sus compañeros atrás. Se acabó el grupo; es el sálvese quien pueda. El no mirar atrás cuando uno de los compañeros cae. La ley de la selva. Supervivencia a toda costa.

Pero esta misma actitud es la causa del rebrote de la enfermedad y su posterior expansión cuando los soldados desobedecen las órdenes y rompen la cuarentena. Por supervivencia, amistad, por la ciencia o por no poder disparar a un crío a sangre fría. Da igual el motivo, ese comportamiento sólo conduce al desastre y Fresnadillo nos avisa de ello en cada persecución, en cada huída que termina frente a una verja cerrada o un callejón sin salida símil de la prisión en la que deben permanecer los personajes. Así, el filme de Fresnadillo adopta tintes más oscuros que su predecesora, en la que siempre había un tinte de esperanza. Ahora no hay tal. Para combatir el mal (la enfermedad) hay permanecer unidos y ser implacables ante la necesidad. No mostrar debilidad.

En lo formal, Fresnadillo innova poco, mantiendo el estilo de la primera parte, como el vídeo digital para filmar a los zombis y que les otorga esa textura fantastique; hasta la música de Muse remite a la anterior entrega. Sí se permite el descartar escenas bucólicas como las de la película de Boyle que, si bien daban un aire distinto a la obra, acababan lastrándola en demasía. En este aspecto, 28 semanas después resulta más compacta. Además que, dado el carácter pesimista de esta entrega, tampoco vienen a cuento.

Pero no todo es bueno. La película adolece de unos personajes que apenas pasan del mero estereotipo y que, en cuanto los identificamos, tenemos claro el papel que van a jugar en el drama. El único personaje mínimamente trabajado el de Don, un tipo que consigue algo parecido al éxito en la nueva sociedad impuesta por el ejército norteamericano pero al que persigue la culpa de haber abandonado a su mujer indefensa ante los infectados. Este personaje permite además, profundizar en la plaga que asola Inglaterra, una rabia que deja de ser totalmente sin sentido para empezar a atisbar un trasfondo psicológico en ella.

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