Spider-Man 3

Spider-Man 3Tobey Maguire es un actor que los tiene bien puestos. Así como lo leen. Por que, señores, para ofrecer la interpretación del Peter Parker que aparece en Spiderman 3 hay que tenerlos cuadrados. Y grandes como pelotas de tenis, además. Evitando repetirse, Maguire se desmarca del Peter apocado y, a ratos, bobalicón, para torturarnos con un auténtico subnormal de feria, el hijo de Forrest Gump trasladado al mundo de colorines y skyjamas de los superhéroes.

Pero, siendo honestos, quizás no toda la culpa la tenga Maguire. La película se balancea continuamente entre la genialidad de Spiderman 2 y el ridículo más espantoso con algunos diálogos que sólo pueden calificarse de estúpidos (como el “cameo” de Stan Lee, con una frase que es una auténtica gilipollez fuera de lugar en la película, en la escena y en todo) y un exceso desproporcionado de chistes y situaciones (pretendidamente) humorísticas que inducen a pensar que estamos ante una parodia antes que ante la tercera entrega de la serie.

¿Dónde está el error? ¿Qué puede haber pasado para que el mismo equipo equipo que realizara Spiderman 2, película más que notable, pergeñase este engendro? Si uno se fija en los créditos (esto es, si uno se molesta en consultar la IMDB) puede advertir que el guión de de todo este despropósito está escrito al alimón por los hermanos Sam e Ivan Raimi y Alvin Sargent, mientras que este último es el responsable único del guión de la segunda entrega de la serie. Así que no hay que ser muy malicioso a la hora de intuir quien hizo qué (el guión de la primera entrega también queda fuera de las manos de Raimi, lo hizo David Koepp).

La película se plantea de manera similar a su predecesora. Por un lado los problemas que tiene Peter por su actividad extracurricular son el motor de la trama. En este caso se centra en su relación con Mary Jane, la venganza y el uso de sus poderes para triunfar en la vida. Esta trama tiene su momento álgido de ridículo cuando Parker, dominado por el traje negro se transforma en un chuloputas setentero; una especie de Tony Manero afectado por la kriptonita roja de los peores episodios de Smallville. Para colmo de humillaciones, la torpe realización deja traslucir la excelencia que podría haber tenido la película si los hermanos Raimi no hubiesen metido las pezuñas en el guión. Y si no, fíjense en la escena en la que Peter utiliza a Gwendy Stacy (que, por otro lado, solo está para lamerle el culo a los fans del personaje) para humillar a Mary Jane, narrada como una comedia barata.

Por otro lado, los villanos de la historia, el Duende, el Hombre de Arena y Veneno, se muestran no como villanos ad-hoc, sino, como ya hicieran con Octopus, como personajes desgraciados por las circunstancias por los que se siente más pena que odio. El Hombre de Arena es un criminal fugado que solo intenta curar a su hija sin conseguir más que meter la pata una y otra vez; el Duende es un chaval que se debate entre su amistad con Peter y el fantasma de un padre que en realidad siempre lo menospreció; y Veneno es un chaval, un tanto enajenado, eso sí, que comete un error al tratar de abrirse camino en la vida y que hace, con bastante razón, responsable de ello a Peter.

Es esta parte de la película la que hace que merezca la pena su visionado ya que no solo resultan lo mejor de la historia sino que son la única muestra de buen cine que podemos esperar de ella.

NOTA: 5/10

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