Dead Creatures

Dead CreaturesEl género de zombis es uno de esos géneros nacidos de una moda, a raíz del éxito de una película (en este caso La Noche de los Muertos Vivientes, pues este género poco o nada tiene que ver con el clásico de Tourneur, Yo anduve con un zombie) que todos quieren aprovechar y nadie sabe explotar. Si a ello le sumamos su desmedido interés por la casquería, el gore y el splatter resulta difícil hacer un producto que pretenda algo más que el descojone de sus espectadores ante situaciones tan desagradables como los desmembramientos, el canibalismo o las mutilaciones. Es así que, pese a los intentos periódicos de Romero y a las últimas revisiones posmodernas el género apenas ha aportado nada más al cine que cuando surgió allá por 1968. Así las cosas, y cuando películas como Resident Evil, 28 días después o el absurdo remake de El Amanecer de los Muertos parecían haber demostrado el agotamiento del género, a uno le sorprende encontrarse con una película como Dead Creatures, capaz de darle la vuelta contando la misma historia desde un punto de vista totalmente distinto y con unas maneras contrapuestas a todo lo hecho hasta el momento.

Estrenada directamente en vídeo y con cinco años de retraso (es del año 2001, justo antes del nuevo boom del género) la película del realizador británico Andrew Parkinson centra su atención, no en las víctimas, sino en los propios zombis, unas personas aquejadas por una extraña enfermedad que les impele a comer carne humana mientras les va deteriorando lentamente y que se transmite a través de las mordeduras. Al mismo tiempo tienen que sufrir el acoso de un misterioso cazador de zombis que resulta no ser más que un marido buscando a su mujer, también afectada por la enfermedad. Este planteamiento acerca más la película a los mitos clásicos como la licantropía que a los tradicionales del género. Los enfermos están vivos y son conscientes de su situación pero no pueden hacer nada para remediarlo. No disfrutan matando, lo hacen por mera supervivencia, aunque les remuerda la conciencia por ello.

Parkinson narra la película moviendo muy lentamente la cámara, con muchos planos fijos y una banda sonora minimalista, realzando así el ambiente fatalista que rodea los personajes. Se aleja de la tradicional aventura para mostrarnos el drama de sus vidas, un constante matar por comida, esconderse y esperar el fatídico final que saben les espera. No están organizados, no forman las sociedades secretas que tanto se estilan hoy en día. Sólo son personas luchando por sobrevivir un día más, más cercanas a los personajes de Ken Loach que a los héroes de aventuras.

También es de agradecer el que la historia se narre, no se nos explique. Partiendo de una situación ya establecida, Parkinson elude exponer farragosas explicaciones que ayuden al espectador a comprender lo que pasa y opta por mostrar lo que ocurre en cada momento. Hay que dejarse llevar por la película ya que no nos defraudará y todo cobrará sentido en su momento, aunque una vez que se empieza a entrar en el juego es fácil ir comprendiendo lo que ocurre. Muy hábil resulta especialmente la manera que tiene de mostrar los efectos de la enfermedad, comenzando por el final, con uno de los personajes en fase terminal, con el cuerpo lleno de llagas sangrantes y la cabeza completamente ida. Es asesinado en un acto eutanásico por sus propios compañeros. Al mismo tiempo se muestran sus necesidades alimenticias y más adelante, al encontrar otra chica infectada, se muestra la transmisión de la enfermedad, los primeros síntomas leves (las heridas no se cierran, necesidad de automutilarse) y cómo se han aclimatado los protagonistas a su nueva situación. De esta manera el espectador es consciente en todo momento de que lo que está viendo son enfermos y del destino que les aguarda por lo que, cuando al final de la película se ve a otra de las protagonistas entrar en la fase final de la enfermedad, el impacto emocional es mayor.

En definitiva, una película original en sus planteamientos y arriesgada en su propuesta que nos demuestra que, aunque un género parezca agotado o incapaz, sólo necesita de la mirada de un realizador con personalidad, capaz de distanciarse de lo que hayan hecho los demás y llevarlo a su terreno sin miedo de presentarle al espectador algo distinto de lo que pueda esperar.

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One Comment en “Dead Creatures”

  1. Anonymous Says:

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