Después del ajetreo del fin de curso (doble) y unos merecidos días de descanso, retomo la habitual irregularidad de mi tarea de bloguero. Y para ello nada mejor que comentar el primer número de la Guerra Civil que se está produciendo en el Universo Marvel. Y no es que haya mucho que reseñar pero si espero más va a acabar saliendo el segundo y no es plan.
Este primer número supone una gran decepción ya que es, francamente, malo. Pasando de puntillas el tema del dibujo a cargo de un Steve McNiven pletórico en su incompetencia narrativa nos centraremos en la verdadera decepción: el guión.
Esperaba más de Millar, un guionista que, pese a ser discutible su reutilización abusiva de trucos narrativos, es bastante eficaz y nos ha dejado obras tan estimables como The Ultimates y la segunda temporada de The Authority, si bien es cierto que en esas obras gozaba de una libertad creativa diferente, que contaba con la implicación de dos dibujantes excelentes y que ambas nacieron con un espíritu provocador que le permitía dar rienda suelta a su mala leche y a su crítica política sin demasiadas cortapisas.
Pero este Civil War parece estar hecho con prisas, para cumplir y sin matarse demasiado. Resulta patético ver como la única manera que tiene Millar de iniciar el debate es reuniendo a los supers a discutir entre ellos después del accidente que da origen a todo el meollo. Algo más ridículo cuando vemos que el único argumento a favor del Acta de Regulación de los Superhéroes es un capcioso “¿qué hay de malo en estar mejor entrenados y con mayores medios en nuestra lucha contra el crimen?”, pregunta que se hace explícitamente en dos ocasiones diferentes y siempre es soslayada, nunca respondida, a pesar de que hasta un niño de teta podría hacerlo. Burdos trucos que hacen posicionarse al lector a favor de un Capitán América prófugo por una ley aun no aprobada (tiene pelotas la cosa, ¿eh?) y en contra de un Hombre de Hierro repentinamente transformado en “El Malo” con la obsesión de conseguir promulgar esa ley y hacerla cumplir.
Las comparaciones son odiosas, de acuerdo, pero si alguien se molesta en echarle un vistazo al número 1 de Green Lantern verá como Geoff Johns, un guionista del montón, consigue exponer el mismo tema mucho mejor en menos páginas.
Y ahí no acaba la cosa. En ciertos momentos parece que Millar no haya hecho sus deberes por lo incongruente de la actitud de ciertos personajes respecto a lo visto en otros lados. Así, Reed Richards habla con el Dr. Extraño como si este nunca hubiera expresado su rechazo a la propuesta, delante del propio Richards, con expresiones tan ambiguas como “es repugnante”, “es un error” y “nunca más volváis a llamarme”. O Spiderman, quien parece no haber sido contratado por Tony Stark para, entre otras cosas, apoyar el Acta.
Resumiendo: un tebeo mal dibujado, mal contado y que trata el tema como si fuésemos niños de parvulario. Mucho tiene que mejorar para que no me aburra de él antes de llegar al final.